En este momento, estamos en el transcurrir de una semana de gran reflexión y de Fe cristiana de mucho significado para los que profesamos la religión católica. No es simplemente un recuerdo histórico. La semana mayor simboliza, después del tiempo de cuaresma, la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Representa el mayor acontecimiento en la vida de todo cristiano en el que hay dos aspectos de suma importancia: Cristo nos libera del pecado a través de su pasión y muerte y el otro es, que a través de su resurrección, nos manifiesta la promesa de la esperanza de la vida eterna. Y es que la resurrección es la fiesta o el regocijo más grande para todos los cristianos; es la esperanza del Cristo resucitado que triunfó sobre el mal y el pecado.
Justamente, coincidiendo con la semana mayor, estamos
atravesando la crisis de mayor
envergadura y trascendencia de nuestra historia, no solamente en el aspecto
social, político y económico lo cual se ha nombrado en forma reiterada y reseñado en todos los medios de comunicación
en muchas oportunidades por los expertos y analistas, y es que a este trance se
suma una gran crisis de valores, los mas importantes y esenciales del ser
humano y que ha conllevado a que los valores espirituales que debe tener
cualquier persona, sin distingo de creencia o religión decaigan.
